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#16 • Septiembre 2010 Año I Arte Cultura Escritores

Tango cursi

por Enrique Espina Rawson
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La evolución del tango, salvo raras excepciones, no se ha dado, y permanece cristalizado en las canciones fundacionales que se repiten incólumes y siguen emocionando a quien las escucha. Celedonio Flores, Homero Manzi, Enrique Santos Discépolo, Catulo Castillo, Enrique Cadícamo, Alfredo Le Pera y Homero Expósito, por citar algunos nombres, escribieron letras perdurables, que no fueron superadas por quienes le sucedieron. Los espléndidos versos del tango canción de los años veinte, treinta y cuarenta permanecen ahí, pioneros y, al parecer, para siempre.

Sin embargo, el sentimentalismo y la cursilería es también parte de su acervo. Y este aspecto nos ocupa hoy, inspirados en Los cien peores tangos, nuevo libro de nuestro amigo Enrique Espina Rawson, y autor de la mayoría de los textos de esta revista.

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En él, divertidamente, se analizan las letras, mostrando lo grotesco y la ridiculez artificiosa de algunos famosos tangos. En esos disparatados versos, los letristas utilizan palabras imposibles y rebuscadas; tampoco les faltan el dramatismo exagerado, los lugares comunes y el acartonamiento. Esas letras, expuestas en el libro, son rematadas con un comentario final, a veces demoledor, pero también con una sonrisa –hasta de indulgencia- que contagia a su lector.  ¡Es que hay cada letra…!

Enrique Espina Rawson, quien profesa un hondo amor hacia el tango y es devoto y estudioso de Carlos Gardel, nos ilustra con variedad de exponentes, de los cuales seleccionamos aquí uno de los mejores -por ponerlo de alguna forma-:

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“Cómo se puede morir de amor”

Es una casita blanca
Con ventanal al jardín.
Se oye muy suave a lo lejos
La armonía de un violín.
Es una camita blanca,
Una mesita, una flor;
Varias sillas distraídas
A un enfermito de amor.

Eternamente,
Una sonrisa,
Por su boca se desliza,
Impregnada de dolor.
Y en su mirada
Serena y pura,
Hay un libro de amargura
Y una novela de amor…

Letra y Música: Daniel A. Álvarez

La ambientación !qué amor! es toda chiquitita: Un enfermito, una casita, una camita, y una mesita. Para eventuales compradores, se destaca como detalle interesante, que la casita tiene ventanal al
jardín. !Ah, y también hay «varias sillas distraídas, que contemplan aburridas, a un enfermito de amor». Ciertamente, debe ser soporífero estar todo el tiempo contemplando a un enfermito de amor, pero las
sillas, que no son tontas, logran hábilmente estar distraídas y aburridas al mismo tiempo. Pero vamos a la acción. Delante de la casita blanca, se detiene una ambulancia. Rápidamente
desciende un médico, y es recibido por un pariente del enfermito. El dialogo podria ser mas o menos así:
Pariente: Por acá, doctor, pase, por favor…
Doctor: (mientras revisa al enfermito, que yase en la camita)
¿Qué edad tiene este enfermito?
Pariente: 42 años, doctor, pero, dígame… ¿cuál es el diagnostico?
Doctor: Y, es muy grave… es un enfermito de amor…

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