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#141 • Mayo 2018 Instituciones Italianizante Patrimonio

Padelai

por Enrique Espina Rawson / Fotos: Iuri Izrastzoff
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Tal vez sea una cuestión de tiempo. O de falta de. Seguramente esto ocasiona que las palabras de toda la vida se mutilen, o se fundan en una resultante de sonidos extraños a nuestro idioma, ya plagado de siglas, contracciones, deformaciones y términos acuñados vertiginosamente segundo a segundo. Y claro, ¿quién puede disponer de tiempo para decir Patronato de la Infancia? Por favor…

Patronato de la Infancia
Suponemos, en esta línea de jibarización ortográfica, que PADELAI, (¿no suena con dejos folklóricos, como viditay o chinitay?) se convertirá pronto en PAIN o quizás en PI, o lo que fuera.


Pero antes de ascender al lenguaje monosilábico que nos espera a la vuelta de la esquina y de allí al viejo y añorado gutural, es bueno que nos ocupemos de algo lindo de veras, esto es la recuperación del añoso edificio de Humberto Primo 250 entre Paseo Colón y Balcarce, que fuera construido como Hospital de Niños del Patronato de la Infancia por el ilustre arquitecto-ingeniero Juan Antonio Buschiazzo, alrededor de 1892.

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La construcción es clásica de esos años, en los que se concedía gran importancia a la ventilación de ambientes según pregonaban los higienistas de la época; de allí la altura de los cielorrasos y las dimensiones de los espacios interiores.


Llama la atención el elegante bow-window que, sostenido por dos columnas, enmarca la entrada de la casona. Su función no era sólo decorativa, allí estaba ubicado el quirófano del Hospital, justamente por los amplios ventanales que proveían generosamente la luminosidad requerida.


Por décadas el Hospital funcionó como tal, hasta que por falta de atención y presupuesto fue decayendo hasta quedar abandonado en los 70. Sabido es que la Naturaleza tiene horror al vacío, y, consecuentemente, familias sin recursos, se apropiaron del edificio. Confusos proyectos de cooperativas de viviendas, desalojos y nuevas tomas del cada vez más arruinado predio fueron sucediéndose a lo largo del tiempo, por supuesto con la nefasta intervención de punteros políticos, y activistas de movimientos ad-hoc.

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Entre tantas idas y vueltas, se anudaron convenios que nunca se cumplieron, hasta que en el 2003 se decidió la demolición de este histórico edificio. Por supuesto, era menos una solución que una forma de zafar del problema. Afortunadamente se logró impedir tal despropósito, validando su condición de edificio histórico.

Finalmente, en 2009 se firmó un convenio con una sociedad gubernamental española para la puesta en valor del edificio adecuándolo para el funcionamiento de un Centro Cultural, lo que parecía ser un destino razonable para la zarandeada casona. Nuevas tomas, estas vez de familias bolivianas que exigían una vivienda digna, conspiraron para que el proyecto, finalmente, se cayera, y así hasta principios de 2017, en el que, definitivamente, se logró la desocupación total de la propiedad.

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Hace muy poco se reinauguró esta hermosísima residencia, testimonio arquitectónico de una época de esplendor, para su funcionamiento como Comuna 1 del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, y se espera que el resto de los edificios que conforman el complejo edilicio ideado por Buschiazzo sean restaurados en breve, constituyendo así un nuevo polo de atracción para el barrio de San Telmo, y los visitantes que concurren habitualmente a recorrer sus calles. —FXBA

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