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#145 • Septiembre 2018 Año IV Beaux-arts Calles Francés Grandes Casas Patrimonio

Marcelo T. de Alvear 833

por Enrique Espina Rawson / Fotos: Iuri Izrastzoff
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¿Habría imaginado el gran Presidente argentino que fue don Marcelo Torcuato de Alvear que un tramo de la calle Charcas llevaría su nombre? Seguramente no, y menos que esa calle fuera denominada vulgarmente marcelo-té, para distinguirla de Alvear -la avenida- que lleva el nombre de su abuelo, el general Carlos María de Alvear.


Bueno, en el 833 de marcelo-té -jerga taxista- podemos ver uno de los más extraordinarios edificios de renta de Buenos Aires. Es muy raro que esta palaciega residencia, de características inusuales, no se mencione en ninguna de las numerosas páginas que en Internet tratan estos asuntos.

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De Héctor Ayerza, el arquitecto que ejecutó esta obra, hay también muy poca mención. Se informa que nació en Buenos Aires, en 1893 y que falleció en 1939, que se recibió en la entonces Escuela de Arquitectura de la UBA, y que luego cursó estudios superiores en París. Pero, insólitamente, solo se lo recuerda -al parecer- por dos obras: el Palacio Legislativo de Buenos Aires, llamado entonces Consejo Deliberante- en colaboración con el arquitecto francés Eduardo Le Monnier -y el Palacio Municipal de General Villegas, Pcia. de Buenos Aires.

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La obra que hoy nos ocupa -y que no es tampoco la única memorable de Ayerza como veremos en próximos números- es realmente extraordinaria, e inusual para edificios similares.


Sus cinco pisos -no departamentos sino pisos de 700 m2- se desarrollan en torno a un gran patio adoquinado -la cour- casi circular, de manera que todas las ventanas -salvo las de la fachada, obviamente- dan a él, garantizando aire y luz a todos los ambientes.


Un gran portón de dos imponentes y macizas hojas de roble franquea la entrada, centrada entre dos grandes y elegantes locales, al tono del conjunto.

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Luego cinco pisos, de irreprochable diseño academicista, sobrio y despojado, que culminan en la clásica mansarda de pizarra. Difícil hallar un edificio de más categoría.


En las menos que escuetas menciones halladas, esta obra, que datamos a ojo entre 1928-1931, es mencionada como Palacio Unzué.


Ignoramos el motivo, pero no sería extraño que don Saturnino, que habitaba entonces el Palacio Unzué de la calle Cerrito, frente a Plaza Libertad, demolido para abrir la avenida 9 de julio, haya sido el comitente y de ahí la denominación. Lo prometido: pronto volveremos con el arquitecto Héctor Ayerza.

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