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#52 • Octubre 2011 Año II Arquitectura Art-Nouveau Arte Artistas Ecléctico Edificios Grandes Casas Medieval

Pavos reales

por Enrique Espina Rawson / Fotos: Iuri Izrastzoff
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Conocida hoy como Casa de los Pavos Reales, esta singular obra del arquitecto italiano Virginio Colombo, sigue asombrando por la profusión de elementos, casi un muestrario, que conforman su fachada.

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En realidad son dos edificios con un frente resuelto unitariamente los que integran esta obra de 1912, ubicada en Rivadavia 3216/22/36, sobre dos terrenos contiguos que suman casi 25 mts.

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Esto posibilitó, además de las puertas de acceso a los 14 departamentos de cada bloque, la habilitación de un local comercial. En esa época estaba dedicado a la venta de calzado, y era propiedad, al igual que los dos edificios, de la firma Rossi Hnos.

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Estos hermanos, como tantos otros miembros de la colectividad italiana que hicieron fortuna en nuestro país, invertían sus ganancias en la construcción de edificios de renta, destinados, como en este caso, a la próspera burguesía de buen tono del barrio.

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No es necesario decir, salta a la vista, que la intención de esta obra fue la de destacarse del resto de las construcciones usuales. Obviamente, el propósito fue conseguido.

El arquitecto Colombo llegó a Buenos Aires en 1906 para encargarse de la ornamentación del Palacio de Tribunales, y en poco tiempo se constituyó en un referente de la colectividad, cuyos más conspicuos integrantes encargaban sus proyectos edilicios al consagrado compatriota. Nos preguntamos si podría entenderse como un símbolo de la época la preocupación por las apariencias, evidenciada en este caso en la más que compleja resolución de la fachada, ornamentada con todas las fantasías de la imaginación.

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Nada falta, ni los pavos reales que casi tocan sus picos en el frente de los balcones, los fieros leones de piedra que los sostienen suplantando a los clásicos atlantes, (quizás por haberlos devorado previamente), la falsa piedra, los ladrillos de máquina, la decoración en medallones cerámicos, los vitraux, las rejas, las ventanas ojivales, las arcadas y, en fin, todo el aparato del despliegue modernista del 900, volcado en esta casa, de una vez y para siempre.

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Es fama que Colombo, a quien muchos reputaban como masón por ciertas extrañas simbologías estampadas en la decoración interna de los pasillos de esta casa, hizo venir de Milán una nutrida cuadrilla de artesanos, muy bien pagos, para que trabajaran exclusivamente en sus obras, bajo sus órdenes.

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El edificio sufrió los embates del tiempo, que suele encarnizarse especialmente con los excesos, y gracias a gestiones de vecinos y el subsidio del GCBA, hecho destacable, fue restaurado totalmente hace cinco años, por obra del arquitecto José Barassi y el escultor Federico Poncerini.

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