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#01 • Enero 2010 Año I Denuncias Entrevistas Patrimonio Urbanismo

Basta de demoler

por Enrique Espina Rawson / Fotos: Iuri Izrastzoff y Basta de Demoler
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En Pueyrredón 1777 se levantaba una bellisima residencia, un petit hotel de aquellos que daban personalidad y jerarquía al barrio. Adaptado a los nuevos tiempos funcionaba comercialmente como sede de una importante empresa, manteniendo un óptimo estado de conservación.

En agosto pasado el edificio fue cerrado, se tapiaron puertas y ventanas, y se tendió en la vereda el cerco que generalmente precede a la demolición. Un vecino, preocupado por esta evidente amenaza, se dirigió a las autoridades de la ciudad para averiguar si era posible que este espléndido y bien cuidado edificio estuviera a punto de ser destruido. Su inquietud lo llevó a sostener una entrevista con una funcionaria del área correspondiente, quien, amablemente, luego de consultar en sus archivos, informó que el edificio estaba “catalogado”, y que, tal vez lo habrían cerrado para impedir cualquier ocupación indebida ya que, seguramente, estarían por iniciar obras de remodelación interna. Nuestro amigo se retiró tranquilo con las explicaciones recibidas, entendiendo que la “categorización” mencionada constituía garantía suficiente.

A los pocos días debió viajar, y volvió a Buenos Aires a principios de octubre, y pasó por la cuadra que lo inquietaba. El edificio ya no existía.

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Esta situación, repetida hasta el infinito, es reveladora del desamparo en que se encuentra, al día de hoy, el patrimonio edilicio de Buenos Aires. Para interiorizarnos de la lucha desigual que libran aquellos que, desde el llano y a costa de su propio esfuerzo y tiempo, deben enfrentarse con los poderosos intereses económicos que propician esta depredación sistemática de nuestro acervo histórico y cultural, mantuvimos una reunión con Santiago Pusso, dirigente de Basta de Demoler.

Santiago es músico, dirige coros, y se ocupa de tareas tan lucrativas como la creación de un conjunto de música popular con los chicos de la Villa 21, de la parroquia de la Virgen de Caacupé. Unido a vecinos que aman su barrio y su ciudad, fundó en abril de 2007 la asociación que mencionamos, (en vías de obtener su personería jurídica), para tratar de contener de alguna manera la ola de destrucción, que como un invisible tsunami amenaza a Buenos Aires.

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A partir de ese momento comenzó el verdadero trabajo. Desde pintar leyendas en los frentes de las empalizadas, hasta hacer antesalas, entrevistar funcionarios, proponer soluciones, estudiar códigos, encabezar asambleas, convocar voluntades, en fin, cantidad de tareas desgastantes en pos del objetivo común que consiste en, nada menos que salvar a nuestro ciudad del desastre.

Basta de Demoler averiguó varias cosas. Una, que existe una ley, la 1227, aprobada en el 2000, que prevé soluciones y codifica los vacíos legales que posibilitan el vandalismo. Ya saben que esa ley, en nueve años, no ha sido reglamentada, y si la ley no se reglamenta no existe. ¿Por qué no ha sido reglamentada? Bueno, la respuesta es que se está trabajando en un proyecto “superador”. La pregunta sería si cuando el proyecto supuestamente “superador” sea aprobado, se reglamentará o si pasarán otros nueve años consensuando otro proyecto aún más “superador” que el actual.

Hay casos, sin embargo, en que no se puede demoler. Si no se puede, y sin embargo se demuele, generalmente trabajando día y noche en algún fin de semana largo ¿qué pasa? La obvia respuesta es que se ha infringido la ley. Bien, y ¿cuáles son las consecuencias de infringir la ley? Muy pocas, casi ninguna. Entre apelaciones, recursos de amparo y triquiñuelas de toda índole, el caso se olvida o se aplica una multa ridícula. En tanto, ya se construyó el consabido y vulgar cajón de departamentos standard y se embolsó la ganancia.

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Otra cosa que averiguaron es que importantes empresas vinculadas a la “construcción”-previa destrucción, claro está- asesoran a las autoridades del Gobierno de la Ciudad, lo que suena un poco como poner al zorro a cuidar el gallinero. Pero que, pese a todo, exista Basta de Demoler es un aliciente, y nos transmite la esperanza de lograr una transformación benéfica en nuestra sociedad.

Todos debemos apoyar este tipo de iniciativas divulgando estas problemáticas, juntando firmas, participando, para tratar de evitar la pérdida de lo poco que va quedando del tradicional y querido perfil edilicio que caracterizó a nuestra Buenos Aires.

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