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#82 • Mayo 2013 Año IV Curiosidades Escritores Fundadores

Trenes

por Enrique Espina Rawson / Fotos: Iuri Izrastzoff
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Cuando visitamos la Facultad de Ingeniería de la calle (¿por qué esa resistencia a la palabra avenida?) Las Heras, nos sorprendió que funcionara en su planta baja un Museo de Ciencia y Técnica.

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Pero más nos sorprendió encontrar en ese extraño ámbito una réplica de locomotora a vapor, que estuvo añares en el hall de la estación Retiro, y que funcionaba encendiendo sus luces y girando sus ruedas cuando se introducían diez centavos- de aquel entonces- en la ranura ubicada debajo de la gran caja de vidrio que la contenía.

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Releyendo un pequeño volumen de versos “Los trenes de mi infancia” -creo que inhallable hoy- de Juan Luís Gallardo, caemos en la cuenta recién, que también había otra máquina similar en el hall de Constitución, y habiéndola contemplado y disfrutado a ambas tantas veces, nos resulta incomprensible y vergonzosa esta traición de la memoria.

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El libro, de versos espontáneos y sencillos, que son los más difíciles, narra el maravilloso viaje de un niño de aquel entonces -el mismo poeta, claro está- desde una estación de la provincia de Buenos Aires -Pirovano- hasta la terminal de Constitución.

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Entre las cosas que lo sorprenden en este enorme edificio, está la inconcebible locomotora en miniatura (enana, para él) que gira sus ruedas ante sus ojos absortos.

En los últimos versos se pregunta -transcurridos los años- donde habrá ido a parar la pequeña locomotora y la imagina regresando, junto a sus hermanas mayores a vapor y los viejos vagones de madera como en una nostálgica viñeta, a la estación Pirovano de sus recuerdos.

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Al menos una, entonces, está en la planta baja de la Facultad de la calle Las Heras. Y nos sentimos algo culpables por nuestro olvido. ¿Dónde estará la locomotora de Constitución? Si alguien lo sabe, que lo diga… aunque tal vez sea mejor así. Para que  exista la poesía, no todos los misterios deben ser develados.

“LOS TRENES DE MI INFANCIA” (fragmento final)

Y había una maravilla colmando mi ansiedad
de chico deslumbrado que llega a la ciudad:

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en su caja de vidrio, sobre cierta peana
se hallaba una estupenda locomotora enana.

En ella aparecían, copiados al dedillo
los menores detalles, tornillo por tornillo.

Y, suprema delicia, poniendo unas monedas,
sus luces se encendían y giraban sus ruedas.

También aquel prodigio se perdió en el misterio.
Tal vez se lo llevaran al breve cementerio

que alberga los juguetes que van a la basura
contiguo al de los trenes de más envergadura.

Es allí donde yacen los trencitos a cuerda
junto a viejos expresos que ya nadie recuerda.

Pero ahora que vuelven los trenes de mi infancia
consumiendo carbones de extinguida fragancia

pero ahora que llegan desde un vago suburbio
perdido en la distancia, difuminado y turbio,

regresará con ellos, flamante su pintura
y brillantes sus luces, el tren en miniatura.

Volverán todos juntos, la máquina pequeña
los trenes de juguete, los expresos a leña.

Y yo, mientras mi madre me tiene de la mano,
los estoy esperando, de nuevo, en Pirovano.

“LOS TRENES DE MI INFANCIA” (fragmento final)
Y había una maravilla colmando mi ansiedadde chico deslumbrado que llega a la ciudad:en su caja de vidrio, sobre cierta peanase hallaba una estupenda locomotora enana. En ella aparecían, copiados al dedillolos menores detalles, tornillo por tornillo. Y, suprema delicia, poniendo unas monedas,sus luces se encendían y giraban sus ruedas. También aquel prodigio se perdió en el misterio.Tal vez se lo llevaran al breve cementerioque alberga los juguetes que van a la basuracontiguo al de los trenes de más envergadura. Es allí donde yacen los trencitos a cuerdajunto a viejos expresos que ya nadie recuerda. Pero ahora que vuelven los trenes de mi infanciaconsumiendo carbones de extinguida fragancia pero ahora que llegan desde un vago suburbioperdido en la distancia, difuminado y turbio, regresará con ellos, flamante su pinturay brillantes sus luces, el tren en miniatura. Volverán todos juntos, la máquina pequeñalos trenes de juguete, los expresos a leña. Y yo, mientras mi madre me tiene de la mano,los estoy esperando, de nuevo, en Pirovano.

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