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#159 • Noviembre 2019 Año X Artistas Grandes Casas Modernista Patrimonio

Rivadavia 1906

por Enrique Espina Rawson / Fotos: Iuri Izrastzoff
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Es obra del arquitecto milanés Mario Palanti, el mismo del Palacio Barolo y el hoy Palacio Alcorta, por citar algunas de sus más importantes realizaciones.

Pero más que otra, es de aquellas construcciones -y fundamentalmente por sus fachadas que es lo único que el transeúnte puede apreciar desde la calle-, que le han dado a la avenida Rivadavia un tono con características muy especiales, que no aparecen en otras calles de la ciudad.

Hay en estos edificios una tensión, un dramatismo operístico, que impone respeto y curiosidad, por las extrañas características de los elementos decorativos que aparecen en el frente.

Impone respeto el granito oscuro y rugoso -tan usado en esa época- que recubre el primer nivel del frente, más acorde con fortalezas arcaicas que con edificios de renta, como así también los dos esforzados atlantes de atormentados rostros que sostienen, no el edificio como se dice siempre, sino la balconada que sobresale del frente como un ábside que se prolonga desde el segundo hasta el sexto piso.

Estas dolientes esculturas, aposentadas sobre dos grandes y decoradas ménsulas, no están erguidas, sino sentadas, dando así la impresión de estar a punto de realizar, seguramente por el tremendo esfuerzo y ante quien quiera verlo, funciones fisiológicas que generalmente se tramitan en privado.

Algo más romántico se distingue en los dos marcos circulares profusamente decorados, y humanizados con las figuras de un niño y una joven de vaporosa túnica, que circundan las claraboyas ubicadas sobre las puertas del 1906 y 1916.

No faltan quienes creen ver en estos personajes a Afrodita y Eros. El edificio se desarrolla en simetría sobre un eje central que divide la fachada en dos mitades idénticas.

A nivel calle, están las dos entradas a los departamentos que hemos mencionado, y el centro está ocupado por un gran local, cuya entrada está recubierta por un gran ventanal de vidrios escalonados, que evocan algo del art-decó que vendría posteriormente.

Como dijimos, se desarrolla en seis pisos superiores, cada uno con dos grandes balcones laterales, y dos más pequeños en el centro. Pero el último piso tiene una particularidad distinta a los restantes. Deja a la vista sólo los dos balcones centrales, a los que resguarda con un imponente alero, retrayendo unos metros la línea de edificación, seguramente para ubicar azoteas en la superficie descubierta.

Esta obra de Palanti tiene estructura de hierro -que se armaba como un mecano antes de poner un ladrillo- y que fue provista por la metalúrgica Vasena. Esta firma fue célebre posteriormente, por la represión y las muertes ocurridas durante la huelga anarquista del año 1919.

No podemos concluir sin referirnos al mítico establecimiento que aquí funcionó bajo el nombre «The Roxy», una suerte de meca del rock vernáculo que abrió sus puertas en 1995 y durante años fue, además de una discoteca, el reducto elegido no sólo por los grandes músicos nacionales como Charly García, Luis Alberto Spinetta, y Gustavo Cerati, sino también por célebres artistas internacionales que visitaban nuestro país para presentarse -antes o después de estas citas- en conciertos multitudinarios. Así lo recordaba Fernando Samalea, talentoso baterista que tocó con los principales rockeros de nuestro país:

«Era un enorme antro nocturno de tres pisos, que ocupaba la planta baja y dos subsuelos de un edificio antiguo al que se accedía entre dos inmensas columnas que daban a la vereda. Rápidamente se transformó en el búnker de casi todo el rock nacional. Tenía balcones interiores y escaleras metálicas. En el segundo subsuelo se alzaba el pequeño escenario, delante de la pista de baile y sobre un gran hueco arquitectónico. Dotado de instrumentos decentes y amplificación poderosa, solo había que llegar hasta allí para trenzarse en feroces zapadas, con quien se tuviese al lado. Detrás del escenario había un pasillo, con dirección hacia ambos costados, donde había dos habitaciones a modo de camarines. Solo una selecta elite accedía a esos habitáculos y allí se encontraba el “ambiente”. Lo habitual era ir directamente detrás, para reunirse con músicos e ir bocetando diferentes formaciones, en general mezclas entre reconocidos e ignotos de diferentes generaciones.»

Pero bueno, ésa, es otra historia.

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