Fervor x Buenos Aires

Gomero

La historia se bifurca en dos versiones. Una de ellas sostiene que el primer gomero de la Recoleta -el que está frente a La Biela- fue plantado por los padres recoletos, que dieron nombre al paraje, y que habían hecho en esos terrenos una suerte de jardín botánico, trayendo de todo el mundo ejemplares de distintas especies, como este de la India.


La historia afirma que se habrían plantado numerosos olivos, árboles frutales y plantas exóticas en esa pequeña y desolada barranca pegada a los pajonales y a las toscas de la orilla del río.


La segunda versión no difiere en los hechos, pero los atribuye a don Manuel Altolaguirre y Pando, distinguido agrónomo y poseedor de esas tierras, que al parecer se extendían hacía el Oeste hasta lo que es hoy Plaza Miserere y hacia el norte hasta Belgrano, denominadas por unos como la chacra de la Recoleta y por otros como chacra de los Olivos, justamente por las plantaciones mencionadas.

Esta segunda versión ubica la implantación de este gomero-ficus elástica- entre los años 1791 al 93. Estando en plena adolescencia, en Buenos Aires ocurrieron ciertos sucesos que más tarde conocimos como Revolución de Mayo, en su juventud asistió a los fastos del Centenario, y ahora se apresta a la celebración del Bicentenario.


Su base, sinuosa, llena de sombras y recovecos misteriosos, con algo de paquidermo prehistórico, tiene unos 7 m de diámetro. Sus ramas más grandes (¿algunas no parecen trompas de elefante?) miden 28 m de largo, y en su base 1,5 m de diámetro. Bueno, pero ¿y lo que no se ve? ¿Cuánto medirán las raíces? ¿Hasta dónde llegarán? Y si lo pesáramos ¿Cuántas toneladas sumaría el conjunto de tronco, ramas, hojas y raíces? ¿Cuántos miles de aves han vivido en sus ramas en estos doscientos veinte años?


Impone autoridad, imperturbable como cuando vio construir el cementerio, las calles, y las aparatosas residencias, que luego fueron demolidas para dar lugar a los actuales edificios de departamentos. Hoy, locales de comida se despliegan a su frente y a su costado, y los miles de turistas que se enjambran en las mesas buscando un retazo de sol en las mañanas sienten su poderoso aliento de eternidad, ajeno a cualquier vicisitud humana…

Entredormido en su sueño colosal, ¿recordará quizás aquel interminable viaje por mar y a los marineros del barco a vela que lo trajo desde la India hasta esta desconocida tierra? ¿Se preguntará- si es posible que los árboles se interroguen- qué habrá sido de sus hermanos, a los que nunca volvió a ver?


¿Quién puede saberlo? Lo cierto es que allí está. Nosotros, simples humanos curiosos dejaremos nuestro lugar a otros, que tal vez, buscando y rebuscando, encuentren en nuestras crónicas algo más sobre la historia del gomero de la Recoleta.—FXBA